Treinta y un largometrajes, juguetes que temen ser olvidados, robots enamorados, monstruos, peces, emociones, ratas cocineras y más de una despedida capaz de rompernos el corazón. Esta es nuestra clasificación completa de Pixar hasta 2026.
Ordenar todas las películas de Pixar de peor a mejor es una actividad ligeramente absurda. También es irresistible. Pocas compañías han intervenido de manera tan profunda en la memoria sentimental de varias generaciones. Pixar no solo convirtió la animación digital en el nuevo centro de la industria: aprendió a esconder preguntas enormes dentro de objetos cotidianos. ¿Qué ocurre cuando dejamos de jugar? ¿Qué parte de nosotros sobrevive al olvido? ¿Puede una vida pequeña ser una gran vida? ¿Qué hacemos con el dolor cuando no existe una forma sencilla de expulsarlo?
El estudio también ha tropezado. Ha exprimido franquicias que parecían cerradas, confundido perfección técnica con personalidad y producido aventuras que se sienten mucho más calculadas que descubiertas. Pero incluso sus películas más débiles contienen una secuencia, una textura o una idea que recuerda por qué Pixar cambió el cine de animación.
Para este ranking consideramos los 31 largometrajes estrenados por Pixar hasta agosto de 2026, desde Toy Story hasta Hoppers y Toy Story 5. No es una clasificación matemática ni una reproducción de las calificaciones de la crítica: valoramos el guion, la emoción, la puesta en escena, la originalidad, el riesgo y la manera en que cada cinta ha envejecido.
Por supuesto, habrá desacuerdos. En un ranking de Pixar eso no es un accidente: es parte del juego.
De Cars 2 a Ratatouille: ordenamos los 31 largometrajes de Pixar de peor a mejor. Un ranking completo, discutible y lleno de nostalgia.
Una calle tranquila, vecinos sonrientes, jardines perfectamente cuidados y una familia tratando de resolver sus problemas cotidianos. Todo parece formar parte de la típica postal del suburbio estadounidense… hasta que una anomalía cósmica arranca el vecindario de su realidad y lo arroja a un lugar donde los dinosaurios no son precisamente una atracción turística.
Jane Schoenbrun regresa con una provocadora mezcla de terror, comedia, deseo queer y nostalgia cinematográfica. Una película que destripa al slasher para preguntarse por qué seguimos encontrando placer en aquello que nos aterroriza.