

Hay algo casi demasiado perfecto en la existencia de Coyote vs. ACME. Durante décadas, el pobre Wile E. Coyote ha comprado cohetes, resortes, imanes, dinamita y toda clase de artefactos de una compañía cuyos productos inevitablemente terminan explotándole en la cara. ¿La solución después de tantos años? Dejar de perseguir al Correcaminos y conseguir un abogado.
Pero la broma terminó escapándose de la pantalla: la propia película fue terminada, archivada y prácticamente condenada a desaparecer antes de ser rescatada y llegar finalmente a los cines. Así, una historia sobre un personaje pequeño enfrentándose a una corporación gigantesca terminó convirtiéndose accidentalmente en una historia sobre una película pequeña enfrentándose a una corporación gigantesca.
La premisa es tan sencilla que cuesta creer que nadie la hubiera convertido antes en una película: después de décadas siendo aplastado, quemado, electrocutado, lanzado desde precipicios y víctima de innumerables inventos defectuosos, Wile E. Coyote decide demandar a ACME.

Para hacerlo contrata a Kevin Avery (Will Forte), un abogado de poca monta que encuentra en semejante caso una oportunidad para reivindicarse. Del otro lado aparece Buddy Crane (John Cena), el impecable y exageradamente corporativo abogado encargado de defender a ACME. Lana Condor completa el grupo principal como Paige, sobrina de Kevin.
El director Dave Green entiende inmediatamente dónde está la gracia: tomarse completamente en serio una situación absolutamente ridícula.
El Coyote no habla. Sigue siendo ese animal obstinado que conocemos desde hace décadas. Sigue sobreviviendo a cosas que convertirían a cualquier otro personaje en una mancha sobre el pavimento. Y el mundo acepta tranquilamente que los Looney Tunes caminen entre los humanos.
Ese contraste es buena parte del encanto.
Coyote vs. ACME podría haberse limitado a acumular referencias nostálgicas. Afortunadamente, intenta algo bastante más interesante.
La película toma las reglas de los viejos cortometrajes y se pregunta qué ocurriría si alguien intentara analizarlas desde el mundo real.

¿Quién tiene la culpa cuando unos patines-cohete explotan?
¿El fabricante?
¿El consumidor?
¿O el tipo que decidió ponerse unos cohetes en los pies para perseguir a un pájaro por el desierto?
La película encuentra muchísimo humor en esa contradicción. De pronto, décadas enteras de golpes, explosiones y accidentes funcionan como pruebas de un caso judicial.
Y detrás del disparate aparece una idea inesperadamente inteligente: el Coyote probablemente sea uno de los consumidores más fieles —y peor tratados— de la historia.
Compra ACME. Fracasa. Compra nuevamente ACME. Fracasa otra vez… Y vuelve a intentarlo.
La persecución eterna del Correcaminos empieza entonces a parecer menos una batalla entre depredador y presa que una relación enfermiza entre consumidor y corporación.

Este es posiblemente el mayor triunfo de la película.
Convertir al Coyote en protagonista podía destruir precisamente aquello que lo hacía divertido. Explicarlo demasiado, darle largos discursos o intentar convertirlo en un héroe convencional habría sido un error.
En cambio, la película descubre algo que siempre estuvo ahí.
Nosotros nunca quisimos realmente que atrapara al Correcaminos.
Pero tampoco queríamos que dejara de intentarlo.
Existe algo extrañamente conmovedor en un personaje condenado al fracaso que, después de caer desde un precipicio, simplemente vuelve a levantarse, desempolva los restos de dinamita y abre otro paquete de ACME.
Aquí esa perseverancia adquiere otra dimensión. El Coyote sigue siendo una criatura de caricatura, pero también se convierte en el eterno perdedor que por una vez decide preguntarse si quizá el problema no era solamente él.
La cinta consigue darle una dimensión emocional sin traicionar demasiado la esencia de los cortos originales, algo que varias críticas también han destacado.

Y entonces está John Cena.
Buddy Crane es exactamente el tipo de personaje que Cena sabe explotar: enorme, seguro de sí mismo, ridículamente solemne y completamente dispuesto a llevar una situación absurda hasta sus últimas consecuencias.
Uno de los mayores peligros para cualquier adaptación moderna de una propiedad antigua es la necesidad de explicar que sabe que aquello es absurdo.
Coyote vs. ACME no necesita hacerlo.
Un personaje puede sacar un cartel. Puede aparecer dinamita.
Un objeto puede quedarse suspendido en el aire durante un segundo antes de recordar que existe la gravedad. El humor físico continúa siendo fundamental.
Dave Green mezcla personajes animados en 2D con escenarios y actores reales, recuperando inevitablemente algo del espíritu de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?, aunque sin alcanzar la extraordinaria construcción de mundo de aquella película.
Y quizá tampoco sea necesario.
Coyote vs. ACME funciona mejor cuando recuerda que los Looney Tunes son criaturas gobernadas por una única ley universal:
si algo puede salir mal de la manera más espectacular posible, saldrá todavía peor.
Resulta imposible separar completamente la película de aquello que ocurrió detrás de cámaras.

Terminada en 2022, Warner Bros. decidió archivarla en 2023 dentro de sus medidas de reducción de costos. La decisión provocó una fuerte reacción entre cineastas y aficionados. Finalmente, Ketchup Entertainment adquirió los derechos y permitió que la película llegara a los cines el 28 de agosto de 2026.
Por eso resulta difícil no encontrar una segunda película escondida dentro de Coyote vs. ACME. La ironía prácticamente se escribe sola.
Pero creo que lo que le da un peso es la subtrama, el misterio que se esconde detrás de ACME y sus artículos defectuosos. Es fundamental, pues es este segundo hilo lo que nos lleva a recorrer y a reencontrarnos con personajes de antaño y clásicos del mundo de los Looney Tunes y es en verdad una alegría ver a viejos conocidos tantas décadas después.

Y bueno hay que admitir que el sentimentalismo que le impregnan llegada la hora final, funciona mejor de lo esperado, sobre todo porque es este giro a la vez previsible lo que le da una emotividad y un sentido al filme, el que el Coyote y el Correcaminos se encuentren una vez más y lo que ocurre, es lo que hace que el viaje haya valido la pena. Como mencionó el momento es previsible, se ve llegar y aun así surte el efecto necesario.
Coyote vs. ACME no reinventa a los Looney Tunes y tampoco necesita hacerlo. Es una comedia disparatada, afectuosa y sorprendentemente combativa y después de todo lo que tuvo que ocurrir para que pudiéramos verla, resulta difícil imaginar una película más apropiada para Wile E. Coyote.
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