15 Películas Para Ver Después De Coyote Vs ACME: Caricaturas Que Se Salieron De Control


Durante décadas, el Coyote ha demostrado que uno puede caer desde un precipicio, recibir un yunque en la cabeza, explotar accidentalmente una montaña y regresar unos segundos después con un nuevo paquete de ACME bajo el brazo. Esa maravillosa falta de respeto por las reglas es parte de lo que hace tan especial a Coyote vs. ACME.

Pero el Coyote no está solo.

La historia de la animación está llena de cineastas que alguna vez miraron las reglas del medio y decidieron utilizarlas para encender una fogata. Algunos hicieron comedias. Otros experimentos visuales. Algunos terminaron creando películas tan extrañas que uno sospecha que nadie se atrevió a preguntarles exactamente qué estaban haciendo.

Así que nada de «listitas» con las quince películas animadas que aparecen siempre en todas partes.

Aquí hemos buscado otra cosa.

Quince excelentes películas animadas que poseen algo de esa maravillosa anarquía de los dibujos animados: personajes desquiciados, universos imposibles, humor absurdo, estilos visuales extraordinarios y cineastas dispuestos a romper sus propios juguetes.

Algunas son relativamente conocidas.

Otras probablemente estén esperando convertirse en tu próximo descubrimiento.

¿Te gustó Coyote vs. ACME? Descubre 15 extraordinarias películas animadas, extrañas, divertidas y poco conocidas donde las caricaturas se salen completamente de control.

Que empiece el caos…


1. Las trillizas de Belleville (Les Triplettes de Belleville, 2003)

Dirección: Sylvain Chomet

Una abuela portuguesa, un ciclista secuestrado, un perro gigantesco llamado Bruno, mafiosos con forma de refrigerador y tres ancianas que alguna vez fueron estrellas de music hall.

Perfectamente normal.

Las trillizas de Belleville comienza con la aparentemente sencilla historia de Madame Souza tratando de ayudar a su nieto Champion a convertirse en ciclista profesional. Pero cuando el muchacho desaparece durante el Tour de Francia, la película emprende un viaje hacia Belleville y poco a poco se transforma en una persecución criminal completamente absurda.

Sylvain Chomet consigue algo maravilloso: prácticamente elimina la necesidad de los diálogos y recupera la comedia puramente visual. Los cuerpos son exagerados, las ciudades parecen deformadas por alguien que las observó a través de una botella y cada personaje tiene una silueta que cuenta su personalidad antes de que haga absolutamente nada.

Y entonces aparecen las trillizas.

Tres antiguas cantantes que sobreviven comiendo ranas y convirtiendo objetos domésticos en instrumentos musicales.

La película tiene algo de Jacques Tati, algo del cine mudo, un poquito de pesadilla europea y muchísimo de caricatura clásica.

Pero debajo de toda esa extravagancia hay también una historia sorprendentemente tierna.

Es una de esas películas capaces de demostrar que la animación no necesita hablar demasiado cuando sus dibujos saben exactamente qué decir.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨🧨


2. Una ciudad llamada Pánico (Panique au village, 2009)

Dirección: Stéphane Aubier y Vincent Patar

Cowboy e Indio quieren regalarle algo a Caballo por su cumpleaños.

Deciden construirle una barbacoa.

Necesitan cincuenta ladrillos.

Por error encargan cincuenta millones.

Y aproximadamente desde ese momento la película pierde cualquier interés por comportarse como una película normal.

La casa queda destruida, aparecen criaturas submarinas, científicos, pingüinos, viajes imposibles y una cantidad de acontecimientos que serían suficientes para llenar cinco películas diferentes.

Todo está protagonizado por figuritas de plástico animadas mediante stop-motion.

Ni siquiera intentan esconderlo.

Los personajes conservan sus bases de juguete y se desplazan dando pequeños saltos como si un niño estuviera jugando con ellos sobre la alfombra de su habitación.

Y precisamente ahí está su genialidad.

Una ciudad llamada Pánico entiende algo fundamental sobre las caricaturas: cuando aceptamos que cualquier cosa puede ocurrir, lo verdaderamente divertido es descubrir hasta dónde están dispuestos a llevarlo.

Muy lejos, resulta.

Si solamente vas a descubrir una película de esta lista, ésta debería estar entre las primeras candidatas.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨🧨🧨


3. Mind Game (2004)

Dirección: Masaaki Yuasa

¿Cómo explicamos Mind Game sin parecer que hemos consumido alguna sustancia ilegal?

Intentémoslo.

Nishi es un joven bastante cobarde que vuelve a encontrarse con Myon, la chica de la que siempre ha estado enamorado. Entonces aparecen unos yakuza, ocurre algo que no vamos a revelar y Nishi termina emprendiendo un viaje que involucra a Dios, una ballena y la posibilidad de comenzar nuevamente su vida.

Eso sería el argumento.

Pero Mind Game no se ve, se mueve ni se comporta como casi ninguna otra película animada.

Masaaki Yuasa cambia de estilo visual cuando se le antoja. Los personajes pueden ser dibujos, fotografías manipuladas, manchas, caricaturas grotescas o prácticamente garabatos.

Una escena puede ser comedia y segundos después convertirse en una explosión psicodélica.

Es como si alguien hubiera entregado cien técnicas de animación diferentes a un director y Yuasa hubiera respondido:

—Perfecto. Las quiero todas.

Detrás del aparente caos existe, además, una hermosa película sobre algo bastante sencillo: dejar de tener miedo a vivir.

Una experiencia visual extraordinaria.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨🧨🧨


4. El gato del rabino (Le Chat du Rabbin, 2011)

Dirección: Joann Sfar y Antoine Delesvaux

Un gato se come un loro.

Entonces aprende a hablar.

Y prácticamente lo primero que hace con semejante milagro es mentir.

Estamos ante un gato, después de todo.

Ambientada en la Argelia de los años veinte, El gato del rabino sigue al felino de un rabino sefardí y a su hija Zlabya. Después de obtener la capacidad de hablar, nuestro protagonista comienza a discutir sobre religión, identidad y filosofía y decide que quiere convertirse al judaísmo.

El rabino no está precisamente convencido.

Lo maravilloso es que la película consigue hablar de asuntos enormes sin convertirse en una aburrida clase de filosofía.

Su gato es sarcástico, egoísta, curioso, enamoradizo y ocasionalmente insoportable.

Es decir: un gato.

Visualmente parece una historieta que hubiera decidido comenzar a moverse mientras nadie estaba mirando. Y conforme avanza, aquello que parecía una pequeña historia doméstica termina convirtiéndose en una aventura mucho mayor.

Inteligente, divertida y diferente.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨


5. April y el mundo extraordinario (Avril et le monde truqué, 2015)

Dirección: Christian Desmares y Franck Ekinci

Imaginemos un mundo donde los grandes científicos comenzaron misteriosamente a desaparecer.

Einstein, Fermi y compañía nunca pudieron realizar sus descubrimientos y, por lo tanto, el siglo XX tomó un camino completamente diferente.

No hay electricidad moderna.

No hay petróleo dominando el mundo.

Todo funciona con vapor y carbón.

París tiene dos Torres Eiffel.

Y hay un gato que habla.

Ya nos interesa.

April busca a sus padres científicos desaparecidos mientras descubre una conspiración muchísimo más grande de lo que imaginaba. El resultado combina aventuras, ciencia ficción, steampunk, espionaje y una preciosa estética inspirada en el trabajo del historietista Jacques Tardi.

Es una de esas películas que hacen preguntarnos cómo demonios permanecen relativamente escondidas mientras producciones infinitamente menos imaginativas reciben cuatro secuelas y una serie de televisión.

Una auténtica joyita.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨


6. Ruben Brandt, coleccionista (Ruben Brandt, Collector, 2018)

Dirección: Milorad Krstić

Ruben Brandt es psicoterapeuta.

Tiene un pequeño problema.

Personajes provenientes de algunas de las pinturas más famosas de la historia están intentando asesinarlo mientras duerme.

La solución racional sería buscar ayuda.

Su solución es robar las pinturas.

Así comienza uno de los thrillers animados más extraños de los últimos años.

Picasso, Botticelli, Warhol, Velázquez y una cantidad obscena de referencias cinematográficas y artísticas aparecen escondidas por todas partes. Los personajes tienen tres ojos, dos perfiles simultáneos o anatomías directamente inspiradas en las vanguardias del siglo XX.

Y nadie parece encontrarlo particularmente extraño.

Ahí está parte del encanto.

Ruben Brandt, coleccionista puede funcionar como película de robos, thriller psicológico, homenaje al cine y gigantesco juego de “encuentra la referencia”.

Una película que merece muchísimo más reconocimiento.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨🧨


7. La noche es corta, camina chica (Night Is Short, Walk on Girl, 2017)

Dirección: Masaaki Yuasa

Sí, Masaaki Yuasa otra vez.

Y no será necesario disculparse.

Una joven sale a beber por Kioto mientras un estudiante intenta desesperadamente encontrarse “casualmente” con ella para confesarle que está enamorado.

Una noche.

Eso es todo.

Solamente que esta noche parece contener alcohol suficiente para abastecer una pequeña nación, mercados de libros usados, seres sobrenaturales, concursos, enfermedades, coincidencias imposibles y hasta un musical improvisado.

La ciudad se transforma conforme los personajes avanzan por ella y la realidad termina funcionando de acuerdo con las necesidades emocionales de quienes la habitan.

Es romántica sin ponerse empalagosa, surrealista sin convertirse en un ejercicio vacío y tremendamente divertida.

Además, demuestra que para contar una historia de amor no necesariamente necesitamos lluvia, violines y dos personas corriendo lentamente una hacia la otra.

A veces basta con beber hasta que el universo pierda consistencia.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨🧨


8. El planeta salvaje (La Planète sauvage, 1973)

Dirección: René Laloux

Ahora las cosas comienzan a ponerse raras.

Bueno, más raras.

En el planeta Ygam viven los Draags, gigantes humanoides azules que consideran a los diminutos seres humanos —llamados Oms— poco más que animales.

Algunos son salvajes.

Otros son mascotas.

Y uno de ellos comenzará a aprender demasiado.

El planeta salvaje es ciencia ficción, alegoría política y pesadilla psicodélica en partes aproximadamente iguales.

Su universo está lleno de plantas que parecen órganos sexuales, animales imposibles, rituales inexplicables y paisajes que parecen diseñados después de quedarse dormido mirando un libro de Salvador Dalí.

La animación mediante recortes le proporciona una cualidad todavía más extraña. Nada termina de moverse como esperamos.

Y más de medio siglo después continúa siendo visualmente fascinante.

No es particularmente Looney Tunes.

Pero definitivamente parece una caricatura que escapó de algún sitio donde deberían haberla mantenido encerrada.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨🧨


9. El castillo de Cagliostro (Lupin III: The Castle of Cagliostro, 1979)

Dirección: Hayao Miyazaki

Antes de Mi vecino Totoro, antes de La princesa Mononoke y antes de El viaje de Chihiro, Hayao Miyazaki dirigió a un ladrón que podía conducir un automóvil como si las carreteras fueran simples sugerencias.

Lupin III descubre que el dinero conseguido durante un robo es falso y termina viajando al pequeño país europeo de Cagliostro para descubrir de dónde proviene.

Naturalmente encontrará un castillo, una princesa, un conde bastante desagradable y un misterio.

Pero estamos aquí principalmente porque Cagliostro contiene una energía que las películas posteriores de Miyazaki rara vez volverían a mostrar de esta manera.

Personajes corriendo por tejados.

Automóviles prácticamente volando.

Saltos imposibles.

Persecuciones.

Engranajes gigantes.

Lupin posee la elasticidad de un personaje de caricatura clásica y Miyazaki utiliza esa libertad para construir algunas secuencias de acción maravillosas.

No es el Miyazaki que siempre aparece en las listas.

Precisamente por eso está aquí.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨


10. ¡Piratas! Una loca aventura (The Pirates! In an Adventure with Scientists!, 2012)

Dirección: Peter Lord

El Capitán Pirata tiene un sueño.

Convertirse en Pirata del Año.

El inconveniente es que aparentemente es bastante malo siendo pirata.

Entonces conoce a Charles Darwin.

Y descubre que su loro realmente no es un loro.

Es el último dodo vivo.

Aardman tomó esa premisa, añadió a una reina Victoria completamente desquiciada, científicos, piratas incompetentes y cantidades industriales de plastilina para crear una de sus películas más injustamente olvidadas.

La pantalla está repleta de pequeños chistes.

Carteles.

Objetos.

Expresiones.

Detalles que probablemente no veamos hasta una segunda o tercera revisión.

No alcanza el estatus cultural de Wallace & Gromit, pero quizá precisamente por eso resulta tan agradable recuperarla.

Y pocas películas pueden presumir que Charles Darwin forma parte importante de una comedia de piratas.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨🧨


11. El ladrón y el zapatero (The Thief and the Cobbler, 1993)

Dirección: Richard Williams

Aquí necesitamos hacer una pequeña advertencia.

La historia detrás de esta película es casi tan fascinante como la película misma.

Richard Williams —responsable de la animación de ¿Quién engañó a Roger Rabbit?— pasó décadas intentando realizarla. El proyecto atravesó problemas financieros, cambios, pérdida del control creativo y diferentes montajes.

Pero las secuencias que Williams consiguió terminar son una barbaridad.

Palacios irreales.

Perspectivas que cambian mientras los personajes corren.

Patrones geométricos que cobran vida.

Ejércitos convertidos en gigantescas máquinas visuales.

Y un ladrón silencioso cuya capacidad para provocar desastres podría convertirlo en pariente lejano del Coyote.

Algunas escenas parecen desafiar nuestra comprensión de cómo demonios pudieron ser dibujadas a mano.

Existe además una famosa reconstrucción realizada por aficionados conocida como The Recobbled Cut, que intenta aproximarse a la visión original de Williams.

No estamos simplemente ante una curiosidad.

Estamos ante uno de los grandes “qué habría pasado si…” de la historia de la animación.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨🧨🧨


12. Las aventuras de Mark Twain (The Adventures of Mark Twain, 1985)

Dirección: Will Vinton

Mark Twain construye una aeronave y emprende un viaje acompañado por Tom Sawyer, Huck Finn y Becky Thatcher.

Hasta aquí podríamos estar ante una agradable película infantil.

Entonces aparece Satanás.

Y aquello cambia considerablemente.

Will Vinton utiliza claymation para recorrer diferentes textos e ideas del escritor estadounidense, pasando de la aventura al humor y de ahí a reflexiones sorprendentemente oscuras sobre la humanidad, la muerte y la existencia.

La famosa secuencia de El extraño misterioso resulta particularmente inquietante.

No porque utilice violencia explícita o monstruos aterradores, sino porque su tranquilidad resulta profundamente incómoda.

Es también un maravilloso ejemplo de aquella animación que aparentemente estaba destinada a los niños porque durante los ochenta alguien decidió que cualquier cosa realizada con plastilina automáticamente debía ser infantil.

Error.

Maravilloso error.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨🧨


13. It’s Such a Beautiful Day (2012)

Dirección: Don Hertzfeldt

Bill es prácticamente un monito de palitos.

Tiene un sombrero.

Y está perdiendo la memoria.

Con eso Don Hertzfeldt construyó una de las películas animadas más conmovedoras de este siglo.

No dejen que los dibujos engañen.

It’s Such a Beautiful Day comienza observando pequeñas situaciones cotidianas con el característico humor absurdo de Hertzfeldt, pero lentamente esas pequeñas cosas empiezan a romperse.

La memoria.

El tiempo.

La percepción.

La propia película.

Las imágenes aparecen dentro de pequeños círculos, la narración se contradice, los recuerdos desaparecen y aquello que parecía una comedia minimalista comienza a preguntarnos qué significa realmente haber vivido.

Y entonces, sin darnos cuenta, un monito compuesto por unas cuantas líneas consigue hacernos pedazos.

Eso también es animación.

No necesitamos millones de cabellos renderizados individualmente cuando unas cinco rayas pueden destruirnos emocionalmente.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨

Nivel de crisis existencial posterior: 🧨🧨🧨🧨🧨


14. Sita Sings the Blues (2008)

Dirección: Nina Paley

¿Cómo convertir una ruptura sentimental en una película?

Evidentemente adaptando parcialmente el Ramayana, utilizando grabaciones de jazz de Annette Hanshaw de los años veinte y mezclando varios estilos diferentes de animación.

Por supuesto.

Nina Paley convirtió una experiencia personal dolorosa en una obra extrañísima, divertida y visualmente deslumbrante.

Sita Sings the Blues alterna entre la historia de Sita y Rama, conversaciones entre narradores que ni siquiera consiguen ponerse completamente de acuerdo sobre aquello que están contando y números musicales donde la mitología hindú se encuentra con canciones estadounidenses grabadas casi un siglo atrás.

Sobre el papel no debería funcionar.

Funciona.

Y muchísimo.

La película salta entre técnicas y estilos visuales sin pedir permiso, convirtiendo la propia animación en parte del chiste.

Una auténtica rareza.

De las buenas.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨🧨


15. The Tune (1992)

Dirección: Bill Plympton

Terminemos apropiadamente.

Perdiendo completamente la cabeza.

Del es un compositor que necesita escribir una canción exitosa para conservar su trabajo.

Sale rumbo a una reunión con su jefe.

Se pierde.

Y termina entrando accidentalmente a Flooby Nooby.

¿Qué es Flooby Nooby?

Excelente pregunta.

Allí las personas vuelan, los objetos cambian de forma, aparecen criaturas incoherentes y las reglas normales parecen haber sido canceladas por falta de interés.

Bill Plympton dibujó prácticamente toda la película a mano y su estilo conserva deliberadamente el trazo del lápiz, las deformaciones y las transformaciones constantes.

Nada permanece quieto porque nada necesita hacerlo.

Una cara puede convertirse en otra cosa.

Un objeto puede transformarse.

Una situación puede comenzar siendo relativamente lógica y terminar completamente desquiciada.

En cierta manera, The Tune recupera aquella libertad primitiva de los dibujos animados donde un artista podía dibujar absolutamente cualquier cosa porque nadie había establecido todavía qué estaba permitido.

Y por eso resulta perfecta para terminar nuestro recorrido.

Nivel de descontrol: 🧨🧨🧨🧨🧨


Las caricaturas no deberían comportarse

Quizá eso sea lo que conecta todas estas películas con Coyote vs. ACME.

No necesariamente comparten argumento, técnica, país de origen o siquiera sentido del humor.

Comparten algo mucho más importante:

la sospecha de que la animación se vuelve muchísimo más interesante cuando deja de comportarse.

Una cámara convencional está obligada, hasta cierto punto, a fotografiar aquello que existe frente a ella.

Un dibujo no.

Quizá por eso seguimos regresando a las caricaturas.

Porque mientras el cine lleva más de un siglo intentando conseguir que lo imposible parezca real, la animación siempre ha tenido el descaro de preguntarnos por qué tendría que hacerlo.

Así que cuando terminen Coyote vs. ACME, no prendan tan rápido los celulares.

Hay todo un universo de caricaturas esperando perder el control.

Y nosotros pensamos acompañarlas.

¿Cuál vemos primero?


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