Loev : Querer A Alguien Tampoco Significa Saber Amarlo


Tenemos películas LGBT que construyen su historia alrededor de la identidad, la discriminación o la necesidad de salir del clóset. Loev toma un camino diferente. La película de Sudhanshu Saria prácticamente da por hecho que sus personajes son hombres que aman a otros hombres y decide concentrarse en algo quizá más incómodo: las relaciones pueden ser confusas, egoístas, desiguales y hasta destructivas independientemente de quién las protagonice.

Estrenada en 2015 y protagonizada por Dhruv Ganesh, Shiv Panditt y Siddharth Menon, Loev es una pequeña película india de apenas 92 minutos que comienza como una escapada entre amigos y poco a poco se convierte en algo mucho más difícil de clasificar.

Sahil (Dhruv Ganesh) es un músico que atraviesa una relación bastante desgastada con Alex (Siddharth Menon). Cuando Jai (Shiv Panditt), un viejo amigo que trabaja en Nueva York, regresa a India, ambos aprovechan para escapar durante un fin de semana hacia Mahabaleshwar.

Y desde los primeros minutos queda bastante claro que aquí hay algo pendiente. No necesariamente un romance en el sentido tradicional. Es algo más extraño.

Una colección de miradas, bromas, reproches y recuerdos que solamente tienen sentido para dos personas que se conocen desde hace demasiado tiempo.

Saria evita explicar constantemente qué ocurrió entre ellos. Nos deja entrar cuando la relación ya lleva años acumulando cosas que nunca terminaron de decirse.

Y eso le sienta maravillosamente bien a la película.

Probablemente lo más interesante de Loev sea precisamente lo que no hace.

Los personajes no pasan la película explicándonos su sexualidad. Tampoco existe el inevitable discurso diseñado para recordarnos cada veinte minutos que estamos viendo «cine LGBT».

Son simplemente hombres enamorándose, deseándose, lastimándose y tomando decisiones bastante cuestionables.

Esto fue completamente deliberado. Saria explicó que quería concentrarse en la dignidad del amor y evitó convertir la película en un discurso explícito sobre la Sección 377, que entonces criminalizaba las relaciones homosexuales en India. Para el director, mostrar la vida sentimental cotidiana de personajes LGBT ya constituía en sí mismo un gesto político.

Y justamente por eso Loev funciona.

Porque Sahil, Jai y Alex no existen para representar a toda una comunidad. Son personas imperfectas.

Muy imperfectas.

La química entre Dhruv Ganesh y Shiv Panditt sostiene prácticamente toda la película.

Sahil es más relajado, juguetón y emocionalmente abierto. Jai parece haber construido una vida completamente distinta: trabajo, dinero, Nueva York y cierta distancia que aparentemente mantiene todo bajo control.

Hasta que Sahil aparece.

Entonces las pequeñas grietas empiezan a hacerse visibles.

Lo interesante es que Loev nunca convierte esta relación en una fantasía romántica. Existe cariño entre ambos, indudablemente. También deseo. Pero debajo de todo eso encontramos frustración, resentimiento, diferencias de poder y una incapacidad gigantesca para comunicar lo que realmente quieren.

La película parece preguntarse constantemente:

¿Qué pasa cuando dos personas se quieren pero cada una entiende ese amor de manera diferente?

Y su respuesta no es especialmente bonita.

Conviene no revelar demasiado porque una de las virtudes de Loev está en descubrir gradualmente hacia dónde conduce ese fin de semana.

Pero existe un momento que modifica por completo nuestra percepción de los personajes.

Y es ahí donde la película se vuelve mucho más incómoda.

Lo que hasta entonces podía interpretarse como tensión romántica demuestra tener una dimensión mucho más oscura relacionada con el consentimiento, el poder y la posesión.

Saria toma un riesgo enorme porque después no ofrece una resolución cómoda. No existe una escena destinada a explicarnos cómo debemos sentirnos. Los personajes siguen adelante llevando consigo algo que evidentemente no puede desaparecer simplemente porque nadie quiera hablar de ello.

Eso puede resultar frustrante.

También es precisamente lo que hace que la película permanezca dando vueltas en la cabeza después de terminar.

Y entonces está Alex.

Durante buena parte de la película parece destinado a convertirse simplemente en «el novio molesto» que impide que Sahil y Jai puedan estar juntos.

Por suerte, Loev tampoco cae completamente en esa trampa.

Cuando los personajes finalmente coinciden, la dinámica cambia nuevamente. Descubrimos que ninguna de estas relaciones resulta particularmente sencilla y que todos parecen buscar algo que los otros no saben —o no quieren— proporcionar.

Sahil quiere una cosa de Jai. Jai quiere otra de Sahil. Alex quiere algo de Sahil.

Y ninguno parece especialmente bueno diciendo exactamente qué demonios necesita.

En otras palabras: relaciones humanas.

Resulta imposible hablar de la película sin mencionar a Dhruv Ganesh.

Sahil podría haberse convertido fácilmente en un personaje irritante, pero Ganesh consigue darle una vulnerabilidad extraordinaria. Incluso cuando toma malas decisiones seguimos intentando comprenderlo.

Shiv Panditt tiene el trabajo menos agradecido interpretando a Jai. Su personaje necesita mantener buena parte de sus emociones enterradas y el actor consigue que esa aparente seguridad vaya transformándose gradualmente en algo mucho más inquietante.

Siddharth Menon, por su parte, aporta una energía completamente diferente como Alex y termina siendo esencial para entender a Sahil.

Visualmente Loev tampoco intenta llamar demasiado la atención.

La fotografía de Sherri Kauk aprovecha los paisajes de Mahabaleshwar y los Ghats occidentales, contraponiendo esos espacios abiertos con habitaciones, automóviles y departamentos donde las relaciones parecen volverse progresivamente más claustrofóbicas. Parte del rodaje también tuvo lugar en Mumbai.

Hay algo casi paradójico en ver a Sahil y Jai caminando entre montañas enormes mientras son incapaces de expresar aquello que tienen literalmente frente a ellos.

Loev no es exactamente una película romántica. Es una película sobre las consecuencias de confundir amor, deseo, amistad, necesidad y posesión.

Tiene algunos problemas. Ciertas decisiones narrativas podrían haberse desarrollado con mayor profundidad y su tratamiento de uno de los acontecimientos centrales seguramente dividirá espectadores.

Pero también posee algo que muchas películas mucho más grandes nunca consiguen:

intimidad.

Sahil y Jai parecen tener una historia anterior al primer minuto de la película y probablemente continuarán cargándola mucho después del último.

Quizá ahí esté la razón del extraño título.

Loev es una alteración deliberada de love.

Una palabra reconocible pero ligeramente equivocada.

Exactamente como las relaciones de sus personajes.

Una película pequeña, íntima y bastante más incómoda de lo que inicialmente aparenta. Loev entiende que mostrar personajes gay también significa permitirles ser contradictorios, egoístas, cariñosos, crueles y profundamente humanos.


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