

Hay algo deliciosamente absurdo en la idea que sostiene Sólo por una noche: imaginar una sociedad tan obsesionada con controlar la intimidad de sus habitantes que decide prohibir el sexo prematrimonial durante todo el año… excepto por una noche.
Doce horas de permiso. Una ciudad entera dispuesta a aprovecharlas y dos desconocidos que, precisamente esa noche, descubren que quizá buscan algo más complicado.
Will Gluck toma esta pequeña distopía y la utiliza para construir una comedia romántica bastante más tradicional de lo que su premisa hace imaginar. La Nueva York de la película sigue siendo reconocible, salvo por una regla fundamental: las relaciones sexuales fuera del matrimonio están prohibidas durante prácticamente todo el año. Existe, sin embargo, una noche de excepción y la ciudad la convierte en una celebración descomunal.
En medio del caos están Allie y Owen.

Ella todavía parece creer en la posibilidad de encontrar algo auténtico. Él acaba de salir de una relación y llega a esa noche emocionalmente desacomodado. Se conocen, surge inmediatamente cierta complicidad y, cuando parece que todo podría resultar demasiado sencillo, la ciudad comienza a separarlos.
Buena parte de Sólo por una noche depende de algo que ninguna premisa ingeniosa puede fabricar: que creamos que sus protagonistas quieren estar juntos.
Monica Barbaro y Callum Turner consiguen precisamente eso.
Entre Allie y Owen hay atracción, pero también incomodidad, silencios y esa sensación de estar diciendo algo ligeramente distinto de lo que realmente se quiere decir. Turner aporta una vulnerabilidad particularmente efectiva a Owen, mientras Barbaro evita que Allie se convierta simplemente en la mujer destinada a reparar emocionalmente al protagonista.
Cuando están juntos, la película encuentra sus mejores momentos. El tema es que el guión necesita mantenerlos separados.

Nueva York se convierte entonces en una especie de tablero nocturno: encuentros, fiestas, personajes y accidentes van desviando continuamente sus caminos. Hay algo de las viejas comedias urbanas en esa idea de recorrer una ciudad mientras todo se sale progresivamente de control.
Al principio resulta divertido. Después comienza a sentirse como un mecanismo demasiado evidente. Paradójicamente, una película llamada Sólo por una noche consigue por momentos que esa noche se sienta laaarguísima.
Lo más interesante está, curiosamente, en aquello que la película apenas explora. Porque detrás de la comedia existe un mundo bastante inquietante.
¿Qué clase de sociedad decide cuándo sus habitantes pueden tener relaciones sexuales? ¿Quién vigila que se cumpla? ¿Qué ocurre con quienes desobedecen?

Will Gluck prefiere no mirar demasiado hacia ese lado. La prohibición funciona principalmente como una máquina narrativa destinada a reunir a miles de personas desesperadas durante unas pocas horas. Y quizá sea una oportunidad perdida.
Cuanto más divertida resulta la celebración, más perturbador debería resultar el mundo que existe cuando termina. La película podría haber convertido su premisa en una sátira bastante más afilada, pero prefiere permanecer dentro de los terrenos cómodos de la comedia romántica.
Afortunadamente, allí funciona. La mejor idea de Sólo por una noche termina siendo también la más sencilla.
Mientras una ciudad entera dispone de unas horas para encontrar sexo sin consecuencias, Allie y Owen descubren que quieren precisamente aquello que esa noche no puede ofrecerles: un mañana. Es una bonita contradicción.

La película no reinventa la comedia romántica y desaprovecha buena parte de las posibilidades de su extraño universo. Pero Monica Barbaro y Callum Turner tienen suficiente química para sostenerla cuando el guión comienza a dar demasiadas vueltas.
Aunque siendo sinceros, lo que se buscaba era un pretexto para que el amor triunfe, aunque irónicamente, se cree una historia que podría dar cabida a una gran filme de ciencia ficción.
Es como si estuvieramos viendo una versión romántica de 12 horas para sobrevivir – jejeje.
El filme es palomero a más no poder, brinda lo que promete, ensoñación y aspiración, luce bien, es absurda y no pretende nada más, aunque como se mencionó previamente, alarga demasiado sus excusas para llegar el final.
Una comedia romántica que no defraudará a quien busque este tipo de materiales y salgan suspirando todo por una sola noche.
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