
México también imaginó el futuro. Sólo que lo hizo a su manera.
Mientras Hollywood mandaba astronautas al espacio y construía invasiones extraterrestres, nosotros teníamos científicos obsesionados con la invisibilidad, mujeres de otros planetas, luchadores enfrentándose a marcianos, epidemias ocultadas por el gobierno y una nave espacial que tenía la extraordinaria idea de aterrizar en Chihuahua.
La ciencia ficción mexicana nunca respetó demasiado las fronteras del género. Se mezcló con horror, lucha libre, comedia ranchera, melodrama, política, fantasía y crítica social. Y precisamente por eso resulta tan fascinante.
Del México fantástico de los cincuenta al cyberpunk fronterizo del siglo XXI, aquí van 14 películas para descubrir otra historia de nuestra ciencia ficción.
14. EL PLANETA DE LAS MUJERES INVASORAS (1966)



Director: Alfredo B. Crevenna
Hay una época maravillosa del cine mexicano en la que aparentemente nadie entraba a una junta de producción para preguntar: “¿no estaremos exagerando un poquito?”.
El planeta de las mujeres invasoras pertenece exactamente a ese momento.
La película nos lleva hasta Sibila, un planeta habitado por dos grupos de mujeres enfrentadas. En medio aparecen terrícolas, secuestros, tecnología extraterrestre y toda la parafernalia visual que convirtió la ciencia ficción mexicana de los sesenta en algo inmediatamente reconocible.
Hoy sus escenarios, vestuarios y efectos pueden provocar una sonrisa, pero eso también forma parte de su encanto. Detrás de sus limitaciones existía una industria mexicana dispuesta a imaginar otros planetas sin contar con los recursos de Hollywood.
No había enormes pantallas digitales ni ejércitos de artistas de efectos visuales.
Había estudios, luces, vestuarios imposibles y mucha imaginación.
Y a veces era suficiente.
Lo mejor: su maravilloso retrofuturismo.
13. MÉXICO 2000 (1983)



Director: Rogelio A. González
El año 2000.
Durante décadas esas cuatro cifras significaron prácticamente una sola cosa:
EL FUTURO.
En 1983, Rogelio A. González decidió imaginar cómo sería nuestro país cuando finalmente llegáramos hasta allí.
El resultado fue una sátira futurista donde México aparentemente había conseguido solucionar muchos de sus problemas. Educación, contaminación, servicios públicos, convivencia…
Todo funciona maravillosamente.
Es decir: ciencia ficción.
La gracia de México 2000 nunca estuvo realmente en predecir las tecnologías que utilizaríamos. El futuro funciona como una excusa para burlarse del presente mexicano de principios de los ochenta.
Ahora la película tiene un atractivo adicional.
Nosotros ya vivimos el año 2000.
Y podemos confirmar que algunas de sus predicciones…
siguen pendientes.
Lo mejor: utilizar el futuro para burlarse del presente.
12. SANTO CONTRA LA INVASIÓN DE LOS MARCIANOS (1967)



Director: Alfredo B. Crevenna
Una civilización extraterrestre amenaza nuestro planeta.
La humanidad necesita un defensor.
¿El ejército?
¿Un grupo internacional de científicos?
¿Las Naciones Unidas?
No.
El Santo.
El Enmascarado de Plata ya había demostrado que podía enfrentarse prácticamente a cualquier amenaza imaginable, así que una invasión procedente de Marte era simplemente otro día complicado en la oficina.
Pero detrás de todo el disparate existe algo fascinante.
El cine de luchadores creó una especie de universo mexicano de superhéroes décadas antes de que éstos dominaran Hollywood. Santo podía enfrentarse a vampiros, momias, brujas, científicos locos y extraterrestres sin que nadie necesitara demasiadas explicaciones.
Era Santo.
Con eso bastaba.
Lo mejor: convertir una llave de lucha libre en mecanismo de defensa planetaria.
11. EL HOMBRE QUE LOGRÓ SER INVISIBLE (1958)



Director: Alfredo B. Crevenna
La invisibilidad siempre parece una magnífica idea.
Hasta que alguien consigue volverse invisible.
Carlos es acusado injustamente de asesinato mientras su hermano experimenta con una sustancia capaz de volver invisible al cuerpo humano.
La combinación parece ofrecer una posible solución.
Excepto porque el compuesto tiene consecuencias.
Y cuando mezclamos invisibilidad con una mente progresivamente alterada, las posibilidades de que todo termine estupendamente son bastante reducidas.
La película resulta especialmente interesante porque demuestra cómo el cine mexicano de aquellos años absorbía grandes arquetipos internacionales de la ciencia ficción y los reconstruía dentro de sus propios códigos cinematográficos.
No necesitábamos inventar nuevamente al hombre invisible.
Necesitábamos descubrir qué haría nuestro cine con él.
Lo mejor: la transformación psicológica es tan importante como la científica.
10. DEPOSITARIOS (2010)



Director: Rodrigo Ordóñez
La ciencia encuentra una manera de eliminar nuestro sufrimiento.
Excelente.
¿Dónde firmamos?
Un momento…
¿Quién va a sufrir en nuestro lugar?
Ahí comienza lo verdaderamente interesante de Depositarios.
La película imagina avances científicos capaces de producir seres humanos destinados a convertirse en receptáculos del dolor y las enfermedades de otras personas.
La premisa transforma inmediatamente un supuesto milagro científico en una pesadilla ética.
¿Son personas?
¿Son productos?
¿Quién puede permitirse utilizarlos?
¿Y quién determina cuánto vale su existencia?
La ciencia ficción deja aquí los platillos voladores para acercarse a algo bastante más incómodo: la posibilidad de que incluso el sufrimiento termine distribuido según nuestra posición económica.
Quizá el futuro no sea terrible porque las máquinas dejen de funcionar.
Quizá sea terrible porque funcionen perfectamente.
Lo mejor: su premisa.
RESEÑA: Depositarios… ¡Pare De Sufrir!
9. 2033 (2009)



Director: Francisco Laresgoiti
Bienvenidos al México del futuro.
Parece que las cosas no salieron demasiado bien.
2033 imagina una Ciudad de México transformada en Villaparaíso, una sociedad autoritaria donde tecnología, corporaciones y control político han terminado formando una maquinaria bastante desagradable.
Entramos directamente al terreno de la distopía.
Y aunque las ambiciones de la película son en ocasiones mayores que sus posibilidades, hay algo que merece reconocimiento: intentó imaginar una gran distopía específicamente mexicana.
No estamos observando Nueva York.
Ni Londres.
Ni Los Ángeles.
Estamos contemplando nuestro propio futuro convertido en pesadilla.
Y ahí está una de las grandes virtudes de la ciencia ficción: hablar del presente fingiendo que estamos hablando del mañana.
Lo mejor: convertir México en escenario distópico.
8. AZTECH (2020)



Antología mexicana de ciencia ficción
¿Y si el futuro no tuviera que parecerse siempre a Nueva York, Tokio o Los Ángeles?
¿Y si pudiéramos imaginar ciencia ficción partiendo también de nuestra propia historia?
Ahí aparece Aztech.
La película reúne diferentes historias y realizadores alrededor de un universo donde ciencia ficción, horror, fenómenos extraterrestres, tecnología y elementos relacionados con las culturas mesoamericanas pueden encontrarse.
Como ocurre con muchas antologías, algunos segmentos funcionan mejor que otros. Pero conceptualmente resulta una de las propuestas más interesantes de nuestra ciencia ficción reciente.
Porque durante décadas México importó buena parte de la iconografía visual del género.
Platillos voladores.
Robots.
Laboratorios.
Computadoras.
Aztech plantea otra posibilidad:
construir futuros desde nuestra propia iconografía.
Y ahí existe todavía un territorio gigantesco esperando ser explorado.
Lo mejor: ciencia ficción + imaginario mesoamericano.
RESEÑA: Aztech… México y La Ficción
7. LA REGIÓN SALVAJE (2016)



Director: Amat Escalante
Esta película entra a la ciencia ficción por una puerta bastante extraña.
Durante buena parte de La región salvaje podríamos pensar que estamos observando un drama sobre relaciones, violencia, frustración, sexualidad y represión.
Entonces aparece la criatura.
Y todo cambia.
Amat Escalante no utiliza lo extraterrestre simplemente como amenaza. Su criatura está asociada al placer, al deseo y a aquello que los personajes esconden incluso de sí mismos.
Por eso resulta tan incómoda.
Lo importante nunca es saber exactamente de qué planeta llegó aquello.
Lo verdaderamente interesante es descubrir qué provoca en las personas que entran en contacto con ello.
Extraña, física, provocadora y difícil de clasificar.
Definitivamente no es E.T.
Lo mejor: utilizar una criatura extraterrestre para hablar del deseo humano.
RESEÑA: La Región Salvaje… Inquietante
6. LOS PARECIDOS (2015)



Director: Isaac Ezban
2 de octubre de 1968.
Una estación de autobuses.
Una tormenta.
Ocho desconocidos.
Y entonces sucede algo bastante difícil de explicar:
todos comienzan a tener la misma cara.
Isaac Ezban construye Los parecidos como si alguien hubiera descubierto un episodio perdido de The Twilight Zone filmado secretamente en México.
Los colores, la música, los encuadres y hasta las interpretaciones contribuyen deliberadamente a esa sensación retro.
Pero debajo del homenaje existe algo mucho más inquietante.
La pérdida de identidad, la paranoia y la fecha elegida convierten el juego fantástico en algo político.
Cuanto más absurda se vuelve la situación…
más incómoda resulta.
Lo mejor: su atmósfera.
5. EL INCIDENTE (2014)



Director: Isaac Ezban
Unas escaleras.
Una carretera.
Eso es prácticamente todo lo que Isaac Ezban necesita para destruir nuestra percepción de la realidad.
En una historia, varios personajes quedan atrapados dentro de unas escaleras que se repiten infinitamente.
En otra, una familia viaja por una carretera donde ocurre exactamente lo mismo.
No importa cuánto avancen.
Nunca llegan.
La genialidad de El incidente está en utilizar algo extraordinariamente sencillo para construir una idea gigantesca:
¿qué sucede cuando el espacio deja de funcionar?
Aquí no necesitamos ciudades futuristas ni invasiones extraterrestres.
Solamente necesitamos cambiar una regla del universo.
Ezban demuestra que una buena idea puede hacer más ciencia ficción que 200 millones de dólares en efectos especiales.
Lo mejor: sus espacios infinitos.
4. CRONOS (1993)



Director: Guillermo del Toro
Antes de El laberinto del fauno.
Antes de Hellboy.
Antes de Hollywood y los Oscar.
Estaba Cronos.
La primera película de Guillermo del Toro ya contenía muchas de las obsesiones que después recorrerían toda su filmografía: mecanismos imposibles, insectos, monstruos, cuerpos transformados, muerte y personajes capaces de encontrar belleza exactamente donde otros solamente encuentran horror.
Todo comienza con un extraño dispositivo construido siglos atrás.
El artefacto Cronos promete aquello que la humanidad lleva buscando prácticamente desde siempre:
vida eterna.
Naturalmente existe letra pequeña.
El mecanismo transforma progresivamente a quien lo utiliza y convierte la inmortalidad en algo bastante diferente de aquello que imaginábamos.
Cronos habita deliberadamente la frontera entre horror, fantasía y ciencia ficción.
Y aquella pequeña máquina dorada terminó anunciando la llegada de uno de los cineastas mexicanos más importantes de su generación.
Lo mejor: el extraordinario dispositivo Cronos.
3. EL AÑO DE LA PESTE (1979)



Director: Felipe Cazals
Durante décadas, El año de la peste podía verse simplemente como una inquietante película mexicana de anticipación.
Entonces llegó 2020.
Y dejó de parecer tan lejana.
Una enfermedad comienza a propagarse mientras un médico intenta advertir a las autoridades que están ante una epidemia.
La respuesta institucional no consiste precisamente en actuar inmediatamente.
Primero aparecen dudas.
Después silencios.
Después intentos por evitar el pánico.
Y mientras tanto la enfermedad continúa avanzando.
Lo aterrador de El año de la peste no son monstruos ni extraterrestres.
Es la burocracia.
La desinformación.
La negación.
El miedo.
Y la enorme fragilidad de una ciudad cuando aquello que parecía imposible comienza a ocurrir.
Después de haber vivido una pandemia mundial real, resulta prácticamente imposible verla de la misma manera.
Lo mejor: lo inquietantemente plausible que resulta.
2. SLEEP DEALER (2008)



Director: Alex Rivera
El futuro de Sleep Dealer parecía bastante exagerado en 2008.
Ahora…
no tanto.
En un futuro cercano, la frontera entre México y Estados Unidos está prácticamente cerrada.
Estados Unidos sigue necesitando trabajadores mexicanos.
Pero no quiere recibir trabajadores mexicanos.
La tecnología encuentra la solución perfecta.
O aterradora.
Los trabajadores permanecen físicamente en México y conectan sus cuerpos mediante nodos a una red que les permite controlar maquinaria situada al otro lado de la frontera.
El trabajador permanece aquí.
Su trabajo cruza.
Él no.
Sleep Dealer es una coproducción México–Estados Unidos, pero su imaginario fronterizo y buena parte de sus preocupaciones pertenecen directamente a la experiencia mexicana.
Trabajo remoto.
Drones.
Automatización.
Corporaciones.
Fronteras militarizadas.
Economías digitales.
Vista actualmente, algunas de sus ideas resultan incluso más poderosas que cuando apareció.
Porque Sleep Dealer entendió que una de las preguntas fundamentales sobre el futuro no sería solamente qué trabajos realizarían las máquinas.
Sino quién controlaría esas máquinas y desde dónde.
Lo mejor: una de las mejores premisas de ciencia ficción relacionadas con México.
1. LA NAVE DE LOS MONSTRUOS (1960)



Director: Rogelio A. González
Podríamos haber colocado en primer lugar la película más seria.
La más moderna.
La técnicamente más sofisticada.
Pero estamos hablando de ciencia ficción mexicana.
Y resulta difícil encontrar otra película que represente mejor nuestra extraordinaria capacidad para tomar un género importado, meterlo en una licuadora cultural y convertirlo en algo que difícilmente podría haber surgido en otro país.
Dos mujeres extraterrestres procedentes de Venus viajan por distintos planetas buscando especímenes masculinos.
Durante su misión recogen diferentes criaturas.
Finalmente llegan a la Tierra.
¿Dónde aterrizan?
Chihuahua.
Y ahí conocen a Lauriano, interpretado por Eulalio González “Piporro”.
A partir de ese momento cualquier intento por mantener la ciencia ficción bajo control resulta completamente inútil.
Tenemos extraterrestres.
Tenemos monstruos.
Tenemos un robot.
Tenemos una nave espacial.
Tenemos romance.
Tenemos canciones.
Tenemos comedia ranchera.
Tenemos prácticamente todos los géneros cinematográficos intentando entrar simultáneamente por la misma puerta.
Y contra toda lógica…
funciona.
No hay que verla solamente desde la ironía. Detrás de toda su extravagancia existe una imaginación enorme.
Mientras buena parte de la ciencia ficción estadounidense de la época estaba obsesionada con invasiones extraterrestres y paranoia nuclear, el cine mexicano tomó esos juguetes y los mezcló con su propia tradición popular.
El resultado solamente podía existir aquí.
La nave de los monstruos puede ser absurda, ingenua, camp y completamente delirante.
Pero también es inventiva, entrañable e irrepetible.
Y más de seis décadas después consigue algo que muchas películas de ciencia ficción muchísimo más caras no consiguen:
tener personalidad.
Porque quizá México nunca construyó el Halcón Milenario.
Pero construimos una nave llena de monstruos que aterrizó en Chihuahua y se encontró con Piporro.
Y eso es difícil de superar.
Lo mejor: absolutamente todo su delirio.
¿Y ENTONCES EXISTE UNA CIENCIA FICCIÓN MEXICANA?
Definitivamente.
Sólo que nunca siguió una trayectoria sencilla.
Durante los cincuenta y sesenta apareció escondida entre científicos locos, extraterrestres y luchadores. En los setenta podía transformarse en una inquietante reflexión política sobre una epidemia. En los ochenta utilizó el futuro para burlarse del presente.
Y durante el siglo XXI encontró nuevos caminos a través del cyberpunk, universos imposibles, distopías, criaturas extraterrestres y reinterpretaciones de nuestro imaginario mesoamericano.
Quizá ésa sea precisamente su característica más interesante.
La ciencia ficción mexicana nunca ha tenido una sola cara.
Puede parecerse a Sleep Dealer.
Puede parecerse a El año de la peste.
Puede parecerse a Cronos.
Puede parecerse a Aztech.
O puede aparecer vestida con máscara plateada y dispuesta a repartirle golpes a un marciano.
Porque el futuro mexicano probablemente será complicado.
Pero aburrido…
difícilmente.
Descubre más desde Cinembrollos
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.
