Insaciable… Una Dieta Para Morirse De Hambre


Hay películas que consiguen quitarte el hambre mostrando cadáveres, litros de sangre o alguna criatura masticando personas como si fueran cacahuates. Insaciable (Saccharine) lo logra con algo aparentemente mucho más inofensivo: una pastilla para adelgazar.

Hana (Midori Francis) es una estudiante de medicina que vive en guerra con su propio cuerpo. Se compara con otras mujeres, se siente observada incluso cuando nadie la está mirando y está enamorada de Alanya, una entrenadora e influencer de fitness que parece haber sido fabricada por el algoritmo para recordarle todo aquello que ella cree no ser.

El asunto se complica cuando una antigua compañera le comparte unas misteriosas pastillas capaces de hacer desaparecer los kilos a una velocidad casi milagrosa. Hana, utilizando sus conocimientos médicos —porque hasta para tomar malas decisiones hay que prepararse—, descubre que el ingrediente principal del tratamiento son cenizas humanas.

Y aquí cualquier persona sensata dejaría las pastillas, llamaría a la policía y probablemente se mudaría de ciudad. Hana no.

La premisa de Insaciable es tan absurda como extraordinariamente perturbadora: comer restos humanos para adelgazar. Sin embargo, la directora Natalie Erika James no está realmente interesada en hablarnos de una dieta sobrenatural, sino de la desesperación por encajar en cuerpos perfectos.

Hana no desea únicamente perder peso. Quiere convertirse en otra persona. Quiere sentirse deseada, recuperar el control de su vida y dejar de mirar su reflejo como si fuera un enemigo. El verdadero horror de la película comienza mucho antes de que aparezca cualquier fantasma: está en la manera en que Hana se observa, se castiga y convierte cada comida en una especie de juicio público aunque se encuentre completamente sola y perdiendo el control a cada mordisco.

La película no es precisamente sutil. La directora toma el concepto de “consumirse para ser aceptado” y lo lleva hasta sus últimas y viscosas consecuencias. Hay cenizas, vómitos, huesos, fluidos y algunas imágenes capaces de convertir unas inocentes palomitas en una pésima elección.

Una de las mejores ideas de Insaciable es mezclar el body horror con el cine de fantasmas. Aquí la amenaza no solamente deforma el cuerpo: también lo habita.

Después de descubrir el origen de las pastillas, Hana comienza a fabricar su propia versión. Lo que no contempla —pequeño detalle— es que consumir ciertas «cosas» parece incluir también llevarse algo de ella a casa.

Aquello que comienza a perseguirla funciona como una presencia sobrenatural, pero también como la representación de un hambre imposible de satisfacer. Cuanto más adelgaza Hana, más grande se vuelve el vacío. La película entiende perfectamente esa contradicción: conseguir el cuerpo que supuestamente resolverá todos tus problemas y descubrir que los problemas todavía están ahí, esperando, ahora acompañados por un muerto bastante encabronado.

Visualmente, la cinta sabe construir ambientes malsanos. Los salones de anatomía, los baños, la cocina y los pasillos nocturnos parecen espacios contaminados. La fotografía de Charlie Sarroff mezcla tonalidades enfermizas con colores dulces y artificiales, como si toda la película fuera un caramelo relleno de carne descompuesta.

Midori Francis realiza un trabajo estupendo como Hana. Su actuación permite que el personaje resulte vulnerable, frustrante y hasta aterrador sin convertirlo en una simple víctima de sus decisiones.

Porque Hana toma decisiones TERRIBLES. De esas que provocan que uno quiera levantarse de la butaca y decirle: “¡Amiga, eso es parte de algo inhumano, no proteína en polvo!”. Pero Francis consigue que entendamos de dónde nace esa obsesión. No se trata únicamente de vanidad; detrás existe una necesidad muy dolorosa de ser mirada, deseada y aceptada.

Madeleine Madden interpreta a Alanya, el amor imposible convertido en entrenadora motivacional, mientras Danielle Macdonald representa otra cara de la misma cultura obsesionada con la transformación física. Las relaciones entre estas mujeres permiten que la película hable de deseo, comparación y rechazo, aunque algunas de ellas merecían bastante más desarrollo.

Mención especial para la amiga de Hana que es su contraparte, que se acepta como es, tiene estilo propio y reconoce a su cuerpo viéndose y sintiéndose bien consigo misma, a la par de ser el pilar que sostiene a Hana en cada metida de pata. Afortunadas las personas que tienen una amiga como ella en la vida no cabe duda.

El filme habla de medicamentos para adelgazar, gordofobia, deseo, relaciones familiares, fantasmas y hasta de la apropiación literal de otro cuerpo.

Cuando Insaciable confía en su premisa, funciona de maravilla. Sus mejores escenas son aquellas donde comer deja de ser una acción cotidiana y se convierte en algo íntimo, vergonzoso y monstruoso. También tiene buenos efectos prácticos y una criatura cuya presencia resulta grotesca sin sentirse como un simple monstruo metido a la fuerza.

Su combinación de colores, efectos, actuaciones y escenas francamente repugnantes hace que el filme sea todo un viaje gutural de pequeño presupuestos pero de altas impresiones, sobre todo llegado el final.

Insaciable es una película incómoda, viscosa y bastante desagradable… Lo cual, tratándose de body horror, debemos tomar como un cumplido.

Posee una identidad propia, una protagonista magnífica y una de esas premisas que resultan imposibles de olvidar, especialmente la próxima vez que alguien intente venderte una pastilla milagrosa por internet.

Natalie Erika James construye una fábula macabra sobre el deseo de desaparecer para finalmente ser visto. Una película donde adelgazar no significa ocupar menos espacio, sino dejar sitio para que algo mucho peor entre en tu cuerpo.

Está sabrosa, está podrida y probablemente no querrás cenar después de verla jejeje.


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