

Una calle tranquila, vecinos sonrientes, jardines perfectamente cuidados y una familia tratando de resolver sus problemas cotidianos. Todo parece formar parte de la típica postal del suburbio estadounidense… hasta que una anomalía cósmica arranca el vecindario de su realidad y lo arroja a un lugar donde los dinosaurios no son precisamente una atracción turística.
Después de ocho años sin dirigir una película, David Robert Mitchell regresa con El Final De La Calle Oak, una aventura de ciencia ficción que mezcla drama familiar, nostalgia ochentera, terror y criaturas prehistóricas. Una combinación tan absurda como irresistible que, aunque nunca explota todas sus posibilidades, cumple con su principal objetivo: entretener.
La historia sigue a los Platt, una familia encabezada por Denise y Greg, interpretados por Anne Hathaway y Ewan McGregor. Su matrimonio atraviesa una etapa complicada y la convivencia dentro de la casa comienza a parecerse a una bomba de tiempo.
Sin embargo, sus problemas quedan en segundo plano cuando un misterioso fenómeno transforma Oak Street. El clima cambia, aparecen plantas desconocidas, las comunicaciones dejan de funcionar y enormes criaturas comienzan a caminar entre las casas.
El vecindario ya no se encuentra donde debería.

La familia tendrá que descubrir qué ocurrió y encontrar una forma de sobrevivir. Porque sí, hay dinosaurios, persecuciones, gritos y vecinos convertidos en bocadillos, pero la película también intenta explorar qué sucede con una familia cuando literalmente desaparece el mundo que conocía.
Resulta imposible ver El Final De La Calle Oak sin pensar en Steven Spielberg. La influencia está en los suburbios estadounidenses, los niños recorriendo el vecindario, la familia fracturada y esa mezcla de aventura, peligro y sentimentalismo que caracterizó a las producciones de Amblin.
También hay bastante de Jurassic Park, algunas gotas de Poltergeist y un poco de La guerra de los mundos. David Robert Mitchell abraza el cine de aventuras de los años ochenta y construye una especie de parque jurásico residencial en el que los dinosaurios se esconden detrás de automóviles, atraviesan jardines y convierten las casas en trampas mortales.
Mitchell administra bien la tensión, especialmente antes de mostrar completamente a las criaturas. Utiliza sonidos, sombras y movimientos entre la vegetación para crear la sensación de que algo enorme está esperando afuera.
Es en esos momentos cuando la película funciona mejor.

Anne Hathaway sostiene buena parte de la historia como una madre obligada a proteger a sus hijos mientras todo a su alrededor se viene abajo. Denise no es una heroína invencible, sino una mujer cansada que debe reaccionar ante una situación imposible.
Ewan McGregor aporta calidez y fragilidad a Greg, el padre que intenta mantener unido aquello que llevaba tiempo desmoronándose. Ambos consiguen vender la relación de una pareja desgastada que, antes de enfrentarse a los dinosaurios, ya estaba luchando contra sus propios monstruos domésticos.
El problema es que los conflictos familiares apenas tienen tiempo para desarrollarse. La película quiere ser una aventura con dinosaurios y, al mismo tiempo, un drama matrimonial, pero pronto abandona gran parte de estas tensiones para dar paso a las persecuciones y la destrucción.
Quienes lleguen buscando dinosaurios no saldrán decepcionados.
Las criaturas tienen presencia, peso y una actitud bastante agresiva. Los ataques son rápidos y algunos momentos resultan más violentos de lo esperado. La película no convierte a los dinosaurios en mascotas nostálgicas: son animales salvajes que consideran a los habitantes de Oak Street parte del menú.

Llevarlos a un vecindario también genera imágenes muy divertidas. No es lo mismo correr de un dinosaurio en una selva que esconderse de él en una cocina, detrás de una camioneta o en el jardín del vecino.
Mitchell aprovecha los espacios reducidos y utiliza puertas, ventanas y pasillos para generar tensión. Sin embargo, la película avanza con tanta rapidez que deja varias preguntas suspendidas en el aire. El misterio resulta atractivo, pero sus reglas nunca quedan completamente claras.
Algunas personas agradecerán que la historia no pierda demasiado tiempo explicando el fenómeno. Otras sentirán que la anomalía cósmica es solamente una excusa para lanzar dinosaurios contra una familia.
Probablemente ambas tengan razón.
En resumen, El Final De La Calle Oak es una entretenida aventura de ciencia ficción que combina dinosaurios, problemas familiares y nostalgia por el cine de los años ochenta. No reinventa el género ni desarrolla completamente sus ideas, pero ofrece tensión, criaturas convincentes y suficientes momentos espectaculares para justificar una visita al cine.

Anne Hathaway y Ewan McGregor le dan corazón a una historia que pudo convertirse en una simple colección de persecuciones digitales. David Robert Mitchell demuestra que puede dirigir una producción comercial sin perder totalmente su personalidad, aunque sacrifique parte de la rareza que hacía tan interesantes sus películas anteriores.
Es ruidosa, absurda, ocasionalmente sangrienta y bastante más divertida de lo que su disparatada premisa permite imaginar.
No es el nuevo Jurassic Park, pero pocas películas pueden presumir de haber convertido una tranquila calle residencial en el restaurante de comida rápida más peligroso de la prehistoria.
Lo mejor: Los dinosaurios recorriendo el suburbio, la tensión y la química entre Anne Hathaway y Ewan McGregor.
Lo peor: Las explicaciones insuficientes y los conflictos familiares apenas desarrollados.
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