Todas Las Películas de Pixar, De Peor A Mejor.


Treinta y un largometrajes, juguetes que temen ser olvidados, robots enamorados, monstruos, peces, emociones, ratas cocineras y más de una despedida capaz de rompernos el corazón. Esta es nuestra clasificación completa de Pixar hasta 2026.

Ordenar todas las películas de Pixar de peor a mejor es una actividad ligeramente absurda. También es irresistible. Pocas compañías han intervenido de manera tan profunda en la memoria sentimental de varias generaciones. Pixar no solo convirtió la animación digital en el nuevo centro de la industria: aprendió a esconder preguntas enormes dentro de objetos cotidianos. ¿Qué ocurre cuando dejamos de jugar? ¿Qué parte de nosotros sobrevive al olvido? ¿Puede una vida pequeña ser una gran vida? ¿Qué hacemos con el dolor cuando no existe una forma sencilla de expulsarlo?

El estudio también ha tropezado. Ha exprimido franquicias que parecían cerradas, confundido perfección técnica con personalidad y producido aventuras que se sienten mucho más calculadas que descubiertas. Pero incluso sus películas más débiles contienen una secuencia, una textura o una idea que recuerda por qué Pixar cambió el cine de animación.

Para este ranking consideramos los 31 largometrajes estrenados por Pixar hasta agosto de 2026, desde Toy Story hasta Hoppers y Toy Story 5. No es una clasificación matemática ni una reproducción de las calificaciones de la crítica: valoramos el guion, la emoción, la puesta en escena, la originalidad, el riesgo y la manera en que cada cinta ha envejecido.

Por supuesto, habrá desacuerdos. En un ranking de Pixar eso no es un accidente: es parte del juego.

De Cars 2 a Ratatouille: ordenamos los 31 largometrajes de Pixar de peor a mejor. Un ranking completo, discutible y lleno de nostalgia.

31. Cars 2 (2011)

Pixar tomó al personaje secundario más ruidoso de Cars y lo colocó al frente de una parodia internacional de espionaje. El resultado es veloz, colorido y técnicamente impecable, pero también extrañamente impersonal. La película salta entre persecuciones, armas, agentes secretos y competencias sin encontrar el corazón sencillo que sostenía a la primera entrega. Mate funciona como alivio cómico; durante casi dos horas, su ingenuidad termina volviéndose agotadora.

Hay una idea interesante sobre la vergüenza de querer cambiar a un amigo para hacerlo aceptable, pero queda sepultada bajo una trama de combustibles alternativos y conspiraciones innecesariamente enredada. No es un desastre visual ni una película incapaz de entretener a los más pequeños. Simplemente es el momento en que Pixar pareció diseñar primero la línea de juguetes y después la historia.


30. Lightyear (2022)

La pregunta que dio origen a Lightyear era más complicada que atractiva: ¿cuál fue la película que Andy vio antes de pedir un juguete de Buzz? El problema no está en separarse de Toy Story, sino en construir una aventura espacial sorprendentemente genérica alrededor de uno de sus personajes más queridos.

La animación es soberbia, el diseño tecnológico tiene peso y Sox se roba cada escena, pero la solemnidad le quita a Buzz buena parte de su arrogancia, comicidad y encanto. El montaje sobre el paso del tiempo es genuinamente conmovedor y plantea el costo de obsesionarse con corregir el pasado. Sin embargo, la película nunca decide si quiere ser ciencia ficción adulta, comedia de compañeros o producto derivado.

Buzz viaja al infinito, pero la cinta permanece demasiado cerca de una fórmula conocida.


29. Un gran dinosaurio (2015)

Es, quizá, la película más hermosa que Pixar no supo terminar de contar. Los paisajes alcanzan un fotorrealismo deslumbrante, mientras los dinosaurios conservan formas caricaturescas que producen una tensión visual peculiar.

La premisa —un mundo donde el meteorito no extinguió a los dinosaurios— prometía una reinvención histórica, pero termina utilizada para narrar una aventura de crecimiento bastante convencional.

Arlo y Spot desarrollan una relación tierna, y la escena en que ambos dibujan a sus familias sin compartir idioma sigue siendo una pequeña joya. Aun así, la estructura episódica, los cambios de tono y algunos personajes que aparecen para desaparecer impiden que el viaje se sienta completo.

Tiene imágenes inolvidables; como relato, parece el boceto de algo más grande.


28. Cars 3 (2017)

Después del desvío de Cars 2, esta tercera entrega recupera la melancolía de la original y se pregunta qué ocurre cuando el cuerpo ya no puede cumplir las promesas de la juventud.

Rayo McQueen enfrenta una generación de corredores construidos con nueva tecnología, mientras intenta evitar convertirse en una pieza de museo. La idea es honesta y el accidente inicial posee una fuerza inesperada.

Lo mejor aparece cuando la película deja de buscar una nueva victoria para Rayo y descubre a Cruz Ramírez, un personaje que fue educado para preparar el sueño de otros. La transición funciona, pero llega después de un entrenamiento demasiado largo y de repetir varias lecciones ya conocidas.

Es una conclusión digna para McQueen, aunque nunca alcanza la sencillez emocional de Doc Hudson y Radiador Springs.


27. Monsters University (2013)

Una precuela universitaria parecía una excusa comercial, y por momentos lo es. Hay dormitorios, rivalidades, fraternidades y competencias construidas con piezas reconocibles del cine estudiantil.

Sin embargo, Pixar introduce una conclusión poco habitual para una película infantil: desear algo con toda el alma no garantiza poseer el talento necesario para conseguirlo.

Mike puede estudiar más que todos y conocer cada teoría del susto, pero no provoca miedo. Sulley tiene capacidad natural y ninguna disciplina. Su amistad surge cuando ambos dejan de alimentar sus propias fantasías y aceptan construir un camino distinto.

La película tarda en revelar esa veta amarga y nunca alcanza la imaginación de Monsters, Inc., pero su negativa a premiar el esfuerzo con un triunfo automático le concede una identidad inesperadamente adulta.


26. Buscando a Dory (2016)

Trece años después de Buscando a Nemo, Pixar convirtió a Dory en protagonista. La decisión permite explorar la discapacidad, la memoria y la ansiedad de vivir sin confiar plenamente en la propia percepción.

Los recuerdos de la pequeña Dory con sus padres son devastadores precisamente porque la película entiende que olvidar no elimina el amor; solamente vuelve más difícil encontrar el camino de regreso.

El Instituto de Vida Marina ofrece personajes divertidos —Hank, Destiny y Bailey—, pero la segunda mitad encadena fugas y coincidencias hasta llegar a una persecución demasiado aparatosa.

El viaje emocional funciona mejor que la aventura. Buscando a Dory trata con delicadeza a su heroína, aunque repite la estructura de la original sin reproducir su equilibrio perfecto entre peligro, humor y pérdida.


25. Unidos (2020)

En un mundo de elfos, centauros y hadas que abandonaron la magia por la comodidad tecnológica, dos hermanos reciben la posibilidad de revivir a su padre durante un solo día.

La premisa mezcla duelo y fantasía con una facilidad muy Pixar, aunque el universo se siente menos explorado de lo que prometen sus criaturas. Gran parte de la película adopta la forma de una aventura de carretera simpática y predecible.

La recompensa emocional reordena todo lo anterior: Ian comprende que la figura paterna que buscaba siempre estuvo presente en Barley. Renunciar a la despedida para que su hermano pueda tenerla es un gesto de generosidad genuino.

El final eleva una cinta que, hasta entonces, parecía conformarse con el manual de la aventura fantástica. No es menor en sentimiento, pero sí en imaginación cinematográfica.


24. Cars (2006)

El mundo poblado exclusivamente por automóviles plantea preguntas que la película jamás desea responder. Superada esa extrañeza, aparece una fábula clásica sobre aprender a disminuir la velocidad.

Rayo McQueen llega a Radiador Springs convencido de que la vida consiste en ganar, ser visto y llegar antes que los demás. El pueblo le enseña que una carretera también puede importar por aquello que permite observar.

La historia es previsible y algunos chistes han envejecido peor que su animación, pero Doc Hudson aporta una melancolía verdadera: fue celebrado mientras ganó y abandonado cuando dejó de ser útil.

La decisión final de Rayo completa con elegancia ese aprendizaje. Cars no está entre las cumbres narrativas del estudio, pero su afecto por los lugares olvidados explica por qué continúa conectando mucho más allá de la mercancía.


23. Elementos (2023)

Su metáfora migratoria es evidente, a veces demasiado, pero nace de una experiencia personal y conserva una calidez difícil de fabricar.

Ember vive entre el deber hacia su familia y el deseo de elegir una vida propia; Wade es un torrente de sensibilidad que convierte la vulnerabilidad en una fortaleza. Juntos sostienen un romance más tierno de lo que sugería la campaña publicitaria.

Ciudad Elementos es un prodigio visual, aunque sus reglas cambian según las necesidades del guion y rara vez producen el asombro cotidiano de Monstruópolis o el mundo mental de IntensaMente. La película tarda en encontrar su ritmo y se apoya en una trama de tuberías poco memorable.

Cuando se concentra en el sacrificio familiar, el miedo al contacto y la posibilidad de cambiar sin traicionar el origen, finalmente arde.


22. Elio (2025)

Elio desea tanto ser abducido que, cuando el universo finalmente lo escucha, se hace pasar por el líder de la Tierra.

La premisa permite a Pixar regresar al espacio desde un ángulo opuesto al heroísmo de Lightyear: aquí hay un niño solitario que inventa una identidad porque teme que la suya no sea suficiente. El Communiverse ofrece colores, formas y especies deliciosamente extrañas, mientras Glordon aporta el vínculo más sincero de la película.

No todas sus ideas sobreviven a una producción que atravesó cambios importantes. Algunos conflictos se resuelven con prisa y la relación de Elio con su tía merecía más tiempo.

Aun así, la cinta recupera el placer de imaginar criaturas nuevas y entiende que pertenecer no significa encontrar un lugar donde fingir, sino uno donde dejar de hacerlo.


21. Toy Story 4 (2019)

Toy Story 3 había cerrado la historia con una precisión casi cruel, por lo que esta continuación siempre tuvo que justificar su existencia. Lo hace al separar dos ideas que antes parecían inseparables: tener dueño y tener propósito.

Woody ya no ocupa el centro de la habitación de Bonnie; su lealtad permanece intacta, pero el mundo dejó de necesitarla de la misma manera.

Forky es una creación cómica brillante y su crisis existencial convierte la basura en filosofía. Bo Peep regresa transformada en una figura independiente, aunque el guion sacrifica demasiado a Buzz y al resto del grupo.

Como epílogo íntimo de Woody, la película es valiente y visualmente extraordinaria. Como cuarta parte de Toy Story, altera un final que muchos preferían conservar intacto.


20. Toy Story 5 (2026)

Otra continuación que parecía innecesaria encuentra una ansiedad contemporánea legítima: los juguetes ya no compiten contra otros juguetes, sino contra una pantalla diseñada para absorber toda la atención.

Lilypad no es solamente una villana tecnológica; representa un ecosistema donde jugar, conversar y aburrirse parecen actividades demasiado lentas. Colocar a Jessie en el centro permite observar el desgaste de quien intenta mantener unida una comunidad.

Andrew Stanton recupera el ritmo, el humor y la amenaza existencial de la saga, y el regreso de Woody tiene suficiente carga emocional para funcionar.

Sin embargo, la película también conoce demasiado bien los botones que debe presionar. Es divertida, hermosa y sorprendentemente pertinente, pero no puede borrar la sensación de que Pixar continúa regresando a una habitación que ya habíamos despedido dos veces.


19. Red (2022)

Mei Lee tiene trece años, una madre intensamente presente, amigas inseparables, devoción por una banda juvenil y una transformación corporal imposible de ocultar.

Domee Shi convierte la pubertad en un panda rojo gigante sin tratarla como un problema que deba ser purificado. La película es rápida, ruidosa, específica y orgullosamente incómoda.

Su exageración visual imita la energía de una adolescente que experimenta cada emoción como si fuera la primera y la última. El enfrentamiento final lleva el conflicto materno a una escala casi kaiju, quizá demasiado grande, pero nunca pierde el vínculo generacional.

Red entiende algo que muchas historias familiares evitan: crecer no consiste en eliminar la parte vergonzosa, furiosa o excesiva de uno mismo, sino en aprender cuándo dejarla salir.


18. Luca (2021)

No todas las películas de Pixar necesitan explicar la vida, la muerte y el universo. Luca encuentra su encanto en un verano italiano, una amistad intensa y el deseo de viajar en una Vespa.

Luca y Alberto son monstruos marinos que cambian de apariencia al salir del agua; esconder su identidad convierte cada lluvia y cada vaso derramado en una amenaza.

La sencillez es su fuerza. La película puede leerse como una historia queer sin reducirse a una equivalencia literal: habla del clóset, de las familias elegidas y del miedo a ser visto como realmente se es.

Su villano es deliberadamente pequeño y el conflicto nunca adquiere dimensiones apocalípticas. El adiós en la estación de tren demuestra que una emoción modesta, observada con honestidad, puede dejar una huella enorme.


17. Hoppers (2026)

Después de varias secuelas y proyectos demasiado controlados, Hoppers devuelve a Pixar una clase de energía felizmente extraña.

Mabel transfiere su conciencia a un castor robótico para comunicarse con los animales y termina involucrada en la defensa de su hábitat. La película abraza el absurdo, permite que las criaturas se comporten como criaturas —no solamente como humanos con pelaje— y encuentra comedia en la distancia entre idealizar la naturaleza y convivir con ella.

El mensaje ambiental es frontal, pero la velocidad de los chistes y el afecto por sus personajes evitan que se convierta en sermón. Debajo de la aventura existe una defensa de la cooperación entre especies y de la empatía como práctica, no como adorno.

Tal vez no tenga la profundidad de las cumbres del estudio, pero sí algo que Pixar necesitaba con urgencia: la sensación de estar jugando otra vez.


16. Soul (2020)

Joe Gardner cree que su vida empezará cuando consiga tocar profesionalmente jazz. Un accidente lo lleva al Gran Antes, donde conoce a 22, un alma que no desea nacer.

La película parece dirigirse hacia una lección conocida sobre encontrar la vocación, pero termina desmontándola: la “chispa” no es un propósito profesional, sino la disposición a vivir.

La abstracción metafísica convive con un Nueva York táctil, lleno de cabello, comida, metro y luz sobre los edificios. Cuando Joe obtiene aquello que buscó durante años y descubre que el día siguiente seguirá existiendo, Soul alcanza una verdad adulta poco frecuente en el cine familiar.

No resuelve mágicamente la insatisfacción. Sugiere algo más modesto y difícil: prestar atención a la pizza, una hoja, una conversación y el tiempo que ya estaba ocurriendo.


15. Toy Story 3 (2010)

Andy creció y los juguetes enfrentan aquello que siempre temieron. Sunnyside parece un refugio, pero oculta una jerarquía violenta gobernada por Lotso, otro juguete deformado por el abandono.

La prisión infantil permite comedia, suspenso y una operación de escape milimétrica; después, el incinerador reduce toda la saga a un gesto silencioso. Cuando ya no existe salida, los personajes se toman de las manos.

El verdadero clímax ocurre en el jardín de Bonnie. Andy presenta cada juguete, vuelve a jugar por última vez y tarda un segundo más antes de entregar a Woody.

La escena reconoce que despedirse de la infancia no exige despreciarla. Puede hacerse con gratitud, dolor y cuidado. Es una conclusión casi perfecta para la trilogía original y una de las representaciones más honestas del acto de dejar ir.


14. IntensaMente (2015)

Personificar las emociones parecía una idea propensa a la simplificación. Pete Docter construyó, en cambio, un sistema mental lleno de memoria, imaginación, personalidad y olvido.

Alegría cree que proteger a Riley significa mantener lejos a Tristeza. El viaje demuestra que la tristeza no es un error del mecanismo: comunica necesidad, permite pedir ayuda y hace posible que otros se acerquen.

Bing Bong representa algo todavía más doloroso. Para que Riley crezca, una parte de su imaginación debe desaparecer, y su sacrificio ocurre en un basurero de recuerdos que ya nadie visita.

La película convierte procesos psicológicos complejos en espacios claros sin vaciarlos de misterio. Al final, una memoria puede ser alegre y triste al mismo tiempo. Madurar no consiste en controlar una emoción, sino en aceptar la mezcla.


13. Los Increíbles 2 (2018)

Catorce años de espera y la historia continúa exactamente donde terminó la primera. Elastigirl se convierte en el rostro de una campaña para legalizar a los superhéroes, mientras Bob descubre que criar, enseñar matemáticas y cuidar a un bebé con poderes puede ser más difícil que detener un robot gigante.

La inversión doméstica funciona y las secuencias de acción conservan la claridad geométrica de Brad Bird.

El problema es que el misterio del Hipnotizador resulta fácil de anticipar y la película repite varios movimientos de su predecesora sin ampliar realmente el mundo.

Jack-Jack y el mapache producen uno de los mejores episodios de comedia física del estudio; Elastigirl demuestra por qué merecía el protagonismo. Es entretenimiento de primera categoría, aunque vive inevitablemente bajo la sombra de una cinta casi perfecta.


12. Up: Una aventura de altura (2009)

Los primeros minutos contienen una película completa: encuentro, amor, rutina, sueños aplazados, enfermedad y ausencia. La vida de Carl y Ellie vuelve devastador cada objeto dentro de la casa.

Cuando miles de globos la levantan, Carl intenta transportar físicamente un duelo que no sabe soltar.

La aventura posterior es más irregular. Perros parlantes, un ave gigantesca y un explorador convertido en villano compiten con la intimidad del comienzo. Sin embargo, Russell impide que Carl se convierta en un monumento de sí mismo.

El álbum revela que Ellie no consideraba incompleta su vida; la aventura ya había ocurrido en los días compartidos. Soltar la casa no significa olvidarla. Significa permitir que el amor deje de ser un ancla y vuelva a ser un impulso.


11. Valiente (2012)

Mérida sigue siendo una de las protagonistas visualmente más poderosas del estudio: una masa de cabello rojo avanzando contra los verdes y azules de las Tierras Altas.

Valiente empieza como una rebelión contra el destino matrimonial y termina convertida en una fábula de reconciliación entre madre e hija. Ese cambio no es necesariamente un defecto, aunque la transformación en osa y el humor de los trillizos reducen parte de la fuerza dramática inicial.

La película posee atmósfera, música, brujería y una relación central tratada con verdadero afecto, pero sus piezas no terminan de encajar. Mérida quería cambiar su destino y la cinta acaba pidiéndole que repare un hechizo.

Es entrañable, hermosa y menos convencional de lo que suele recordarse, aunque todavía parece dividida entre dos versiones de sí misma.


10. Coco (2017)

Pixar se acerca al Día de Muertos desde el color y el espectáculo, pero encuentra su centro en algo doméstico: una canción transmitida entre padre, hija y bisnieto.

Miguel desea ser músico dentro de una familia que prohibió la música para protegerse de una herida antigua. La Tierra de los Muertos visualiza la memoria como una forma concreta de supervivencia; desaparecer por segunda vez significa que nadie pueda pronunciar ya nuestro nombre.

La trama contiene giros de melodrama clásico y un villano que quizá subraya demasiado el conflicto, pero la relación entre Miguel y Héctor le da verdad.

El momento en que Miguel canta “Recuérdame” a Mamá Coco no busca una gran hazaña: intenta recuperar durante unos segundos el puente hacia su padre. La película entiende que recordar también es reparar.


9. Toy Story (1995)

La primera película animada completamente por computadora podría haber quedado como una curiosidad tecnológica. En cambio, continúa funcionando porque la innovación está subordinada a una historia precisa sobre celos, identidad y amistad.

Woody teme perder su lugar cuando Buzz llega convencido de no ser un juguete. Uno necesita aceptar que no es el héroe espacial que imagina; el otro, que ser el favorito nunca fue lo mismo que ser indispensable.

La textura plástica, los espacios vacíos y ciertos humanos revelan la edad del proceso, pero también producen una atmósfera imposible de replicar. Cada objeto parece habitado por una vida secreta.

La película estableció el modelo emocional de Pixar y cambió la industria sin perder ligereza. Su salto final —“¡Esto no es volar, es caer con estilo!”— resume la alquimia: convertir una limitación en una forma de maravilla.


8. IntensaMente 2 (2024)

La primera IntensaMente parecía imposible de continuar sin repetir su descubrimiento. La secuela encuentra una expansión natural: la pubertad llega con nuevas emociones y Ansiedad toma el control convencida de que puede diseñar una Riley capaz de evitar cualquier rechazo futuro.

Su plan no busca destruirla; intenta protegerla fabricando una versión socialmente perfecta.

La película representa el ataque de ansiedad con una precisión física extraordinaria y articula una idea compleja: una identidad saludable no puede reducirse a nuestras mejores acciones ni condenarse por las peores.

Algunas emociones reciben menos desarrollo y la aventura interna vuelve a transitar caminos conocidos, pero el núcleo funciona. Pixar no convierte la ansiedad en enemiga; la abraza, la sienta y le recuerda que no necesita conducir sola.


7. Monsters Inc. (2001)

La fábrica que convierte gritos infantiles en energía es una de esas ideas que parecen haber existido siempre. Pixar la desarrolla con lógica industrial, comedia laboral y un diseño de criaturas extraordinario.

Sulley y Mike comienzan como empleados ejemplares de un sistema basado en el miedo; Boo obliga a Sulley a mirar a la niña detrás del recurso que la empresa extrae.

La cinta combina persecución y ternura sin que una anule a la otra. El almacén de puertas abre un espacio cinematográfico vertiginoso y la revelación de que la risa produce más energía transforma la estructura completa del mundo.

El último plano —el rostro de Sulley al escuchar “gatito”— confía en la reacción del personaje y corta antes de mostrarnos el reencuentro. Esa contención es parte de su magia.


6. Bichos: Una aventura en miniatura (1998)

Entre las dos primeras entregas de Toy Story, Pixar construyó una épica diminuta sobre explotación, solidaridad y resistencia colectiva.

Flik es un inventor torpe que busca guerreros y contrata por error a una compañía de circo. La estructura bebe de Los siete samuráis, pero la escala transforma gotas, hojas y pájaros en fuerzas monumentales.

Hopper sigue siendo uno de los villanos más efectivos del estudio porque comprende la política del miedo: las hormigas son más numerosas, por eso los saltamontes necesitan convencerlas de que son débiles.

La comedia secundaria es irregular y algunos diseños muestran su edad, pero el clímax conserva potencia. Fue eclipsada por obras posteriores, cuando en realidad contiene muchas de las obsesiones sociales y visuales que Pixar perfeccionaría después.


5. Toy Story 2 (1999)

Lo que comenzó como un proyecto destinado al video terminó ampliando el mundo y la filosofía de Toy Story.

Woody descubre que es una pieza rara, parte de una colección televisiva y candidato a una eternidad detrás de un cristal. Por primera vez comprende que ser amado también garantiza ser abandonado algún día.

Jessie introduce la herida que marcaría toda la saga. Su recuerdo de Emily comprime años de afecto y olvido en pocos minutos, sin villanos y sin posibilidad de reparar el pasado.

Frente a la seguridad inmóvil del museo, Woody elige una vida finita con Andy. La secuela conserva la velocidad y el humor de la original, mejora su animación y transforma una aventura de rescate en una reflexión sobre aceptar que todo vínculo tiene un final.


4. Los Increíbles (2004)

Antes de que el cine se saturara de universos superheroicos, Brad Bird filmó una crisis de mediana edad disfrazada de aventura retrofuturista.

Bob Parr extraña una época en la que su fuerza tenía reconocimiento público; Helen intenta mantener unida a una familia obligada a fingir normalidad. Sus poderes expresan sus roles: elasticidad materna, invisibilidad adolescente, velocidad infantil y una fuerza paterna que no resuelve la vida doméstica.

Síndrome es el resentimiento convertido en industria. Su plan nace del deseo de democratizar el poder, pero en realidad busca monopolizar la admiración.

La acción es elegante, la música de Michael Giacchino irresistible y la dinámica familiar mucho más importante que el espectáculo. La película no trata de volver a ser especial, sino de aprender a serlo sin dejar atrás a los demás.


3. Buscando a Nemo (2003)

La pérdida inicial ocurre con una rapidez brutal: en unos minutos entendemos por qué Marlin confunde amor con control. Cuando Nemo desaparece, la búsqueda atraviesa un océano construido como una sucesión de maravillas y amenazas.

Dory no es solamente la compañera cómica; su fragilidad obliga a Marlin a confiar en alguien que no puede ofrecerle certezas.

Cada episodio tiene identidad propia —tiburones en recuperación, medusas, tortugas, una ballena— y aun así impulsa la transformación del protagonista. Paralelamente, Nemo deja de ser el hijo que debe ser rescatado y aprende a actuar.

La película convirtió “nadaremos, nadaremos” en una frase popular, pero su lección más difícil es otra: proteger a alguien de todo también puede impedirle vivir.

Antes todo es un prodigio visual, cómico y brillante.


2. WALL-E (2008)

Durante su primera media hora, WALL·E confía en el movimiento, el sonido y la mirada. Un robot compactador atraviesa montañas de basura, colecciona objetos incomprensibles y aprende gestos románticos observando una vieja película musical.

La Tierra vacía es una advertencia ecológica, pero también un escenario de soledad. Cuando llega EVA, el mínimo roce entre dos máquinas adquiere más humanidad que muchos diálogos.

La segunda mitad amplía la escala hacia una civilización que delegó movimiento, decisiones y memoria a una corporación. El diagnóstico es sombrío y, sin embargo, la película no desprecia a las personas: confía en que pueden despertar, ponerse de pie y volver a cuidar algo.

Su técnica es extraordinaria, su romance delicado y su crítica continúa ganando vigencia. WALL·E no es solamente una de las mejores películas de Pixar: es una de las grandes obras de ciencia ficción del siglo XXI.


1. Ratatouille (2007)

Una rata quiere convertirse en chef dentro de una cocina que debe exterminar ratas. La contradicción es perfecta y Brad Bird la convierte en una defensa del talento allí donde nadie espera encontrarlo.

Remy no desea simplemente comer: percibe combinaciones, aromas y posibilidades. Linguini necesita sus capacidades, pero la alianza también expone la dificultad de compartir autoría y reconocimiento.

París es menos una ciudad real que un recuerdo culinario iluminado por cobre, vapor y ventanas nocturnas. Todo desemboca en Anton Ego. Al probar un plato humilde, el crítico regresa instantáneamente a la infancia; la sofisticación se desarma frente a la memoria.

Su reseña final distingue entre la facilidad de criticar y el riesgo de crear. No todos pueden convertirse en grandes artistas, pero un gran artista puede provenir de cualquier lugar.

Visualmente es hermosa y delicada, su técnica impecable y su guión extraordinario como pocas veces se han visto en una cinta familiar.

Pocas películas han defendido con tanta elegancia que el origen de una voz no determina su valor. Es por su precisión narrativa, su belleza, su humor y su defensa del acto creativo, que Ratatouille ocupa el primer lugar de nuestro ranking.


Conclusión: hacia el infinito, pero no siempre más allá

La historia de Pixar no es una línea ascendente. El estudio que convirtió una lámpara, una rata y un robot casi mudo en protagonistas inolvidables también ha dudado de sus propias ideas y ha regresado demasiadas veces a mundos ya exitosos. Sin embargo, incluso cuando falla, suele hacerlo intentando resolver preguntas que otras películas familiares ni siquiera se permiten formular.

Las secuelas más logradas no se limitan a repetir: encuentran una nueva herida dentro de personajes conocidos. Las mejores historias originales parten de premisas imposibles y terminan hablando de experiencias reconocibles —crecer, recordar, perder, crear y pertenecer— sin confundir emoción con manipulación.

¿Debería WALL·E superar a Ratatouille? ¿Está Buscando a Nemo por encima de Toy Story? ¿Fuimos demasiado duros con Valiente o demasiado generosos con Toy Story 5?

Ningún orden será definitivo. Las películas cambian de lugar cuando nosotros cambiamos con ellas. Esa quizá sea la prueba más clara del legado de Pixar: sus mejores mundos no terminan cuando aparecen los créditos. Se quedan reorganizando nuestros recuerdos.

¿Cuál es tu película favorita de Pixar y cuál mandarías al último lugar? Te leemos en los comentarios.


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