Hamnet: El Duelo Como Origen Del Mito



Hay películas que intentan contar la historia detrás de una obra maestra. Y luego está Hamnet, que decide contar el silencio que hizo posible esa obra.

Lejos de ser un biopic convencional sobre Shakespeare, esta película elige un camino más íntimo y mucho más doloroso: el vacío que deja la muerte de un hijo y la forma en que ese vacío se transforma en arte. No es una película sobre fama. Es una película sobre pérdida.

Desde los primeros minutos queda claro que aquí el protagonista no es el dramaturgo, sino la ausencia. La dirección apuesta por una narrativa contemplativa, casi etérea. Los encuadres son amplios, naturales, bañados en una luz que parece suspendida en el tiempo. El ritmo es pausado, pero no lento: es el ritmo del duelo, ese que no entiende de relojes ni estructuras dramáticas tradicionales.

Agnes sostiene la película con una mezcla de fortaleza y fragilidad devastadora. Su dolor no es estridente. Es interno. Es el tipo de dolor que no necesita gritar para sentirse.

Visualmente, Hamnet evita el dramatismo excesivo. No hay música manipuladora ni escenas diseñadas para arrancar lágrimas fáciles. Todo es más sutil. Más humano. Más incómodo. Más esotérico … Y ahí es donde la película realmente funciona.

Porque no se trata solo de contar cómo una tragedia familiar pudo haber influido en la escritura de Hamlet. Se trata de entender cómo el arte nace muchas veces de una herida abierta. Cómo el amor y la pérdida pueden coexistir en el mismo espacio. Cómo el duelo no desaparece: se transforma.

En algunos momentos, la película puede sentirse demasiado contemplativa para quienes esperan un drama histórico tradicional. No hay grandes discursos ni giros espectaculares. Pero ese es precisamente el punto. La vida no siempre tiene estructura en tres actos.

Hamnet es cine que respira. Que observa. Que deja espacio. Y cuando termina, no deja una sensación de cierre, sino una pregunta: ¿cuántas obras inmortales nacieron del dolor más íntimo?

No es una película para todos. Es una película para quienes están dispuestos a mirar el silencio.

Y eso, en tiempos de ruido constante, ya es mucho decir.


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